Miércoles 16 de julio de 2014

El hombre que nació para hacer negocios

Nicolás Trevisán es un exitoso empresario del rubro motocicletas. Preside la Cámara de Comercio y tiene una historia particular: ha hecho de todo buscando la empresa ideal; esa búsqueda lo llevó hasta Estados Unidos. Esta es su historia.

 

Nicolás TrevisánNicolás Trevisán es posadeño y tiene 39 años. Su nombre remite a Full Motos, la empresa que dirige hace una década, y también a la Cámara de Comercio de Industria de Posadas, institución que hoy preside, pero en la que viene trabajando hace bastante. Este licenciado en Marketing, de hablar pausado, transmite serenidad. Con la misma pasión con la que cuenta que su compañía es líder del mercado, reconoce que al éxito hay que sostenerlo con previsión y que en la vida de un empresario los vaivenes de la economía pueden dejarlo en la lona en un suspiro. No tiene vergüenza en contar que se “fundió” dos veces y que no dudaría en empezar de cero si hace falta.

Casado con una obereña, Violeta, y padre de dos nenas, de cinco y diez años, respectivamente, cuenta que vivió dos veces en Estados Unidos. La primera, cuando tenía 19 y fue a estudiar inglés. La segunda, luego de la crisis de 2000-2001, cuando armó las valijas tras la debacle de su emprendimiento dedicado a la publicidad. Pero no hay mal que por bien no venga: allí se casó y tuvo a su primera hija, en un condado ubicado cerca de Miami. Pero el amor a la tierra de uno llama, empuja, estira. La familia regresó en 2003 y empezó de nuevo.  

 

¿Cómo fue el proceso de transformarse de comerciante a representante de los comerciantes?

No me costó la adaptación porque ya venía trabajando en la institución. Me acercó un ex presidente de la CCIP, Diego Barrios. La Cámara de Comercio representa a un sector y desde allí es que uno pretende aportar su granito de arena para mejorar las posibilidades de crecimiento de los posadeños.

 

¿De qué manera administra su tiempo para cumplir con todas sus obligaciones?

Creo que uno si está bien organizado puede hacer una cantidad de cosas mucho mayor a lo que estima. En este sentido, ha sido clave el proceso de informatización de la empresa que hemos desarrollado.  El futuro para poder crecer es tener bases sólidas en cuanto a la información que se maneja. Hace tiempo que venimos desarrollando un sistema propio, que me permite saber exactamente qué sucede desde mi teléfono celular.

Estoy en un momento de mi vida en el que puedo asumir esta responsabilidad de representación, me dan la capacidad y las ganas. Considero que es mayor la importancia del legado que dejo que la resignación de lo que no hago.

 

¿Cómo caracterizaría al comerciante posadeño? 

Al comerciante posadeño lo une una historia cultural muy parecida. Estamos acostumbrados a sufrir los distintos tipos de cambio. Los que estamos en zona de frontera, ya sea frente a Paraguay o Brasil, nos habituamos a los vaivenes de la economía. Eso nos da flexibilidad para adaptarnos a épocas difíciles. Pero también un nivel de estrés muy superior al de aquellos comerciantes que no compiten con otros países. El comercio misionero debido a esa competencia feroz ha mejorado mucho en cuanto a atención y a marketing. Y hubiera crecido muchísimo más si no tuviera esa competencia con los países limítrofes. A pesar de eso hubo comerciantes que han logrado progresar y extender sus negocios a provincias como Chaco, Corrientes o Formosa.

 

¿De qué manera maneja el nivel de exposición que requiere su cargo?

Quiero desmistificar algo. Lo que digo lo digo con mucho respeto. Nunca ataco a personas, solo defiendo una postura ideológica. Y nunca he sentido represalia del Gobierno, del Sindicato de Empleados de Comercio o del Ministerio de Trabajo. Esto quiero aclararlo a la gente, que por ahí se arma una idea que no es.

Es más, lo que yo propongo siempre es que la gente participe. Que desde la participación ciudadana es desde donde se impulsan los cambios necesarios.

La transparencia con la que me manejo me ha permitido decir cosas y que no se me cerraran las puertas. Yo sigo reuniéndome con representantes del Gobierno provincial, de la Municipalidad y de toda institución vinculada con el comercio.

El secreto es que aportando desde posturas diferentes podamos construir algo entre todos.

 

¿Cómo fue su carrera empresarial?

Full Motos es la conclusión de toda una carrera dedicada al trabajo. Mi familia es la que siempre empujó mis emprendimientos. He hecho muchas cosas, como vender perfumes en la calle, repartir cartas o cortar pasto. Ya empecé a trabajar mientras estudiaba en Buenos Aires. Todo lo que aprendí me sirvió luego para encarar mis negocios y tener actitud para afrontar éxitos y fracasos. La persona acostumbrada a hacer negocios es como el pescador con su espinel: coloca múltiples anzuelos y luego los va revisando; uno o tal vez dos de muchos son los que van a picar. Pero el rédito del que pica por ahí compensa la pérdida de los demás.

En mi caso, compré y vendí de todo. Hasta me radiqué en Estados Unidos  unos años, comercializando productos vinculados con la madera.

Full Motos ya me agarró curtido. El que impulsó todo fue mi suegro, allá por 2004. Arrancamos con mi hermano vendiendo en el local, mi esposa en la parte administrativa y yo encargándome de los proveedores.  De buenas a primeras nos convertidos en líderes del mercado.

Nuestro eslogan es la mejor garantía. Soy un comprometido con los clientes. En ese sentido, siempre sostengo que un camino a largo plazo está construido sobre la base de un compromiso entre el empresario y su cliente.

 

¿Cómo está el mercado de la moto?

El mercado de la moto ha caído bastante, en todo el país. Aquí se han cerrado muchas concesionarias. La merma de ventas es de alrededor del 50%. Hubo dos razones que motivaron esta caída: la devaluación de enero y el encarecimiento de las tasas de interés. De repente, los precios aumentaron notoriamente (25% de un día para el otro) y la gente quedó con menos poder adquisitivo y un crédito encarecido.

En la Argentina estamos acostumbrados a esos cimbronazos. No hay que creer que el mercado de este año va a ser igual que el anterior. Hay que ser precavidos.

 

¿Y la familia? ¿Cómo se articula con su mundo laboral?

Serena es mi hija más grande. Tiene diez años. Ella siempre me acompañó a los locales. Le encargaba contar las motos y anotar de qué color eran. Tengo una nena más chica, de cinco. Estoy casado con Violeta, ambos somos padres comprometidos. Trato de estar siempre, y viajar lo justo y necesario. Aunque a veces debo hacerlo de seguido, porque los proveedores están fuera de la provincia.

Siempre estuve en contra de que se trabaje en horario corrido, porque esto nos iba a quitar a muchos la posibilidad de estar con nuestra gente las horas del mediodía. Ese tiempo es un valor clave para el fortalecimiento de la familia.

 

¿Por último, qué es la moto en su vida?

Siempre fui fanático de la moto. Mi madre no quería que me comprara una. Recién a los 19 años pude comprarme, fue en Estados Unidos, mientras trabajaba en la empresita de un primo. Es un rubro que defiendo institucionalmente. Hay muchas sociedades que tienen un uso de la moto mucho mayor. Es la forma más práctica de moverse.

Es fascinante venderlas. El motoquero es un apasionado. Cuida mucho la máquina, se prepara para subirse a ella.

 

Trevisán avisa que la charla no puede pasar de media hora, porque tiene compromisos pendientes. Sin embargo, habla más de 40 minutos. Le gusta recordar la película de su vida. A unos pasos, su hija Serena escucha atentamente. Lo sigue acompañando a la oficina, aunque ya no tiene que contar las motos. Hoy sabe que son 700 unidades que están a la venta. Al empresario le gusta recordar, pero más planificar. Por eso ahora está abocado a la organización del Black Friday (las 48 horas de ofertas de cientos de comercios posadeños). “Hicimos el primer Black Friday de la Argentina que fue un éxito”, asegura. Esta edición se hará el 8 y 9 de agosto y el presidente de la Cámara de Comercio confía en que serán dos días de inmejorables ventas. Y habrá que creerle nomás, pues el olfato comercial le ha fallado muy pocas veces.