Lunes 23 de junio de 2014

Flavio Bogado, una vida dedicada a la música

DJ emblemático de Misiones y la región, ya entró en la categoría de ícono. Popular, innovador y talentoso, se adaptó con éxito a todos los cambios tecnológicos y siempre marcó tendencia. En esta charla recuerda sus inicios y cuenta detalles de uno de sus proyectos más movilizadores: las fiestas retro.

 

¿Quién no bailó con la música de Flavio Bogado? ¿Quién no recuerda esa maquinaria implacable que se llamaba Video Láser? ¿Quién no vio al DJ en televisión o lo escuchó en la radio presentando lo último de lo último en materia musical? Este posadeño agradable, emprendedor y talentoso, que este año va a cumplir 49 años, es uno de los personajes más queridos de la provincia y, por qué no, de la región. Hace décadas, su nombre es sinónimo de fiesta y de música. Como los grandes, nunca perdió vigencia y siempre fue un innovador. O alguien puede negar que fue quien introdujo la música dance en el paladar musical delos misioneros. Dice que la tecnología no le hizo perder la esencia y que se fue adaptando. Apunto de ser padre nuevamente, en una etapa de su vida en la que sigue moldeando proyectos, uno de los DJs más importantes de todos los tiempos en la provincia nos recibió en su “casa” de Radio A, donde se encarga de la artística y de la musicalización. Mate en mano, se abocó a la tarea nada sencilla de repasar su carrera. Sus inicios ensayando los enganches con sus padres como únicos testigos.  Su consolidación como DJ, recorriendo todos los pueblos de Misiones y los del Norte correntino. La llegada de la masividad, con los megaeventos. Su faceta electrónica que le abrió las puertas del mundo. Y su presente como empresario del rubro iluminación y sonido. Play y a leer los pormenores de una vida dedicada a la música.

¿En qué etapa de tu vida estás?
Es una muy buena pregunta para empezar.  Apunto de ser padre nuevamente. Con mi hijo mayor, que también se llama Flavio, estudiando Marketing y empezando su carrera de DJ.
Hay un tema de Soda Estéreo  en donde se pregunta “¿Hasta dónde llegaré?”.  Y creo que eso sintetiza lo que me pregunto siempre, desde que lo escuchaba en los inicios de mi carrera como DJ. Y la respuesta todavía no la tengo. De momento puedo decir que vivo de lo que me gusta; que estoy ligado a la música desde mi oficio y también de la empresa de iluminación y sonido que pude montar.
Tal vez cuando ya no sienta pasión por poner música, de pararme en la cabina, ese va a ser el día en que como Disc Jockey voy a decir: “Ya perdí el interés”.

¿Qué sentís cuando te parás en la cabina? ¿Es lo mismo ahora que cuando arrancaste?
Hay mucha agua que pasó bajo el puente. Desde la cabina, se puede dividir los eventos en tres tipos: las celebraciones familiares;  las noches de música electrónica; y las que estoy haciendo hace unos años, que son eventos de música retro, donde me encuentro con mucha gente que en los 80 o los 90 estaba en la pista bailando y yo en la cabina y ahora el mismo disco, el mismo vinilo, vuelve a sonar, después de 20 años, haciendo nacer distintos sentimientos y a reencontrarnos. Ahora ¿hay diferencia? Sí, en los 80 y los 90, uno disfrutaba del tema que era éxito del momento y cuando sonaba explotaba todo. Hoy es hacer una selección de esas grandes canciones y volver a revivirlas. Hay noches en que algunos temas explotan más que otros. Hay canciones puntuales, vos ponés “Tirá para arriba” y no hay quien no tire algo. O también éxitos de Erasure, Madona o Depeche Mode. Pasa que es tan rica la música de los 80 y 90. 

¿Qué son las noches retro para vos?
Una satisfacción. Cuando la gente empieza a llegar a La Aventura, siento un reconocimiento, porque quienes compran la entrada, personas grandes, no viven eso como cuando eran jóvenes e iban al boliche. Ahora tienen que programar la salida, porque tienen chicos. Es ir a escuchar la música y bailarla. Que haya gente a la que le motive el hecho de que yo esté en la cabina, y que haga todo ese ritual, me provoca una gran alegría.
La sensación que se vive es única. Utilizar vinilos, algo que muchos jóvenes de ahora nunca vieron, resulta inigualable.

¿Cómo fue tu primer contacto con la música?
En el secundario. Hice hasta tercer año en el Polivalente 1 y cuarto y quinto en el Martín de Moussy. Entre tercero y cuarto, a mí me llamaban la atención los DJ que ponían música en los “asaltos”, las únicas fiestas a las que podía asistir, porque como era menor de 18 años no podía entrar en las discotecas. Cuando iba a los asaltos yo me pasaba la noche detrás de los DJ mirando cómo hacían su trabajo.
Mis viejos me daban plata para ir al cine y yo juntaba para comprarme discos. Con tres entradas te comprabas un vinilo en Rincón musical. Así empecé a comprar mis primeros discos.
En cuarto año del colegio, había un DJ entre mis compañeros y yo lo empecé a acompañar en las fiestas que se hacían para recaudar fondos. Hasta que un día empecé a poner música. En un año, ya tenía fiestas y demás. Pero no cobraba, porque para mí que me dejaran poner música era todo. Yo les canjeaba que apareciera mi nombre en las tarjetas.
En los primeros años no existía el auricular, no existía el monitoreo. No podías escuchar el otro tema que ibas a poner. Tenía que trabajar a oído; cuando ponías la cápsula en el vinilo, oías un chillido y entonces punteabas. Era mandarte a hacer el enganche.
Los dos primeros discos que compré fueron: The Game, de Queen, a principios de los 80; y un enganchado de lentos, editado en la Argentina por Warner Music, que se llamaba “Vibraciones trasnoche”.

¿Cómo fue esa transición hacia la profesionalización?
Mis viejos me compraron un par de equipitos y los fines de semana me quedaba practicando en casa. Cuando ellos llegaban, así fuera las 5 de la mañana, me levantaba para hacerles escuchar en casetes lo enganches que hacía.  Y con el tiempo armaba en el living un boliche. Colgaba unas luces y creaba el clima.
Después fueron asaltitos, asaltitos, fiestitas. En el 82 termino el secundario y me voy a estudiar Ingeniería, primero a Corrientes y después a Rosario. Dos años después vuelvo. Mis padres no estaban como para bancarme los estudios, lo pensé bien y como era conocido y ya tenía trabajo, decidí dedicarme a pasar música. Aparte recibí una excelente oferta de Power, que en ese momento estaba por la calle Bolívar. Cuando empiezo, me pongo una meta a dos años: a fines del 86 hacer un programa de televisión y comprar un equipo de iluminación que se llamaba el plato volador. Era un plato de un metro de diámetro y que caminaba sobre un riel. Para la época era una innovación. Al cabo de esos dos años, cumplí las metas y me digo: “Esto es lo mío, le voy a meter para adelante”.
Y antes era más difícil, porque ahora todos pueden tener música, cualquiera puede armar una fiesta. Hace más de 20 años, yo conseguía un vinilo y sabía que esa música no la iba a tener nadie.  En aquel momento la función del DJ era la de mostrarle a la gente lo que se venía en materia de música. Hoy eso no se puede hacer, está todo globalizado.
La música que se pasa ahora en las fiestas es la que la gente quiere porque la escucha en las radios. Si no ponés el hit no le gusta el repertorio. O sea, la gente tiene que conocer el tema que está sonando. Todo lo contrario ocurre en la noche de música electrónica, donde la gente está esperando la novedad, mientras menos conocida sea la música, mejor DJ sos.

¿Cómo manejaste el tema de ser conocido?
Ha pasado con muchos DJs: por ahí hacerte conocido lo lográs, con avisos en los diarios, recorriendo todas las radios. Antes no había tantos medios, vos hacías un aviso en el diario y se enteraba toda la provincia. Ni hablar si sacabas un aviso en Canal 12. Era fácil ser conocido, hoy no. Hay demasiados medios, se necesita diseñar una campaña de publicidad de acuerdo al target de gente que vos querés que vaya a tu evento.
En mi carrera tuve muchísimas etapas. Hubo momentos en que trabajé mucho, otros no tanto. Cuando empecé con las noches retro se me volvió a levantar el mercado de sociales, porque la gente pensaba que ya no pasaba más música de fiestas, sino que solo me dedicaba a lo electrónico.

¿De qué manera entró la música electrónica en tu vida?
En 1991 participo gracias a un amigo DJ de la Winter Music Conference, en Miami. En aquel momento era el tercer evento más importante de música “universal”, como le decían los participantes. Era una semana donde interactuaban productores, más de 2000 DJs de todo el mundo, discográficas y empresarios de marcas líderes. Se mostraban los productos más novedosos, por ejemplo, en materia de máquinas y sonidos.
Allí interpreto por qué el dance es el idioma universal de la música. Cuando vuelvo, hago en Power una fiesta que se llamó “The American Night”, en 1992, donde traté de mostrar lo que había vivido y lo que había aprendido.

¿Cuál fue el paso siguiente?
Lo que la música electrónica me brindaba y aún lo hace es la posibilidad de conocer lugares nuevos. Fui a tocar a Creamfields en 2008, lo hice en Rosario, en las discos más importantes; en Paraguay también. Me ha abierto muchísimas puertas. La música electrónica es la única que me da la chance de seguir creciendo.

Otro momento muy recordado en tu carrera fue con esta dupla que armaron con Marito Alcaraz.
Néstor Alcaraz, el hermano de Marito es quien primero viene a vivir a Posadas y se suma al trabajo con nosotros. Después lo hace Mario, que en un primer momento se dedicaba a armar equipos. En una época Marito se sumó a una animación que hacíamos en el escenario con batería electrónica y máquina de efectos. Después agarró el micrófono y finalmente lo impulsamos como DJ, con el fin de que en un mismo día pudiéramos tener dos discotecas en diferentes lugares.  En fiestas como las de fin de año y la del Inmigrante estábamos juntos y sentíamos un gran reconocimiento por parte de la gente. 
Después él se independizó, hizo su camino. De esto ya hace 15 años, más o menos.

¿Qué recordás cuando pensás en esa época?
Y, muchas cosas. Pero por ejemplo las fiestas que se organizaban en el Club Mitre, con mucha producción. Y dos del Inmigrante:  una cuando se mudó la fiesta al Parque de las Naciones, en 1998; y otra aún en el Ian Barney, cuando llevamos en un micro 50 personas, entre ellas muchas modelos de la escuela de mi hermana Roxana, para una presentación.

¿Qué momentos del avance tecnológico te marcaron como Dj?
Entre el 86 y el 87, nosotros pasamos de llamarnos Tecnoshow a Video Láser, porque se inauguraba el sonido láser, que era poner un tema con un compact. El CD era algo revolucionario. Uno no entendía cómo se leía la música allí contenida. El sonido era tan limpio, que uno decía que era mejor. Digo decía porque yo lo tengo en claro: al vinilo no hay con qué darle, claro para explotarlo al máximo tenés que tener un buen equipo.
Por más que se invente el Mp… no sé cuánto, lo que se hace es comprimir y en eso se pierde calidad de sonido.
En la música electrónica fue todo un tema el paso del vinilo al CD, porque no era bien visto que alguien fuera a pasar discos y llevara compacts. Hoy en día, los DJs llevan toda su música en un pendrive.

¿Qué hiciste con tus discos de vinilo?
Los tengo todos y sigo comprando. Hay un mercado que se ha reactivado nuevamente. Me incentiva a comprar las fiestas de música retro, porque había discos que tenía y luego no los encontré. Aparte había temas que los tenía en CD y luego los encontré en vinilo.

¿Por último, qué es la música para vos?
Mi vida, mi pasión, lo que me ha movilizado siempre.

El amargo ya está lavado y descansa en la mesa. Flavio se entusiasma con la Fiesta Retro que se viene, el sábado 5 de Julio. Está atento a todos los detalles y jura que la llegada de su nuevo hijo le ha renovado las pilas. Juan Pablo (que crece en la panza de Ana Alicia Poterala) ya tiene seis meses de gestación. El Señor DJ reitera que seguirá en la cabina hasta que se le agote la pasión. Avisa que le queda energía para un buen tiempo.